mercredi 12 juillet 2017

Por qué España mira tanto a Venezuela y tan poco a Marruecos

Violeta Muñoz
Fuente : El Boletín


La información sobre las revueltas en el Rif despierta lentamente en España. Aún es necesario recordar que todo comenzó con la muerte de un vendedor ambulante en un triturador de basura intentado recuperar unas cajas de pescado que la policía marroquí le requisó por supuesta venta ilegal. Pero aquello ocurrió en octubre de 2016; pronto hará un año.

El trágico final de Mohssine Fikri fue el inicio del Movimiento Popular del Rif, plataforma pacífica que reivindica mejoras e inversión pública en infraestructuras, sanidad y educación en esta región tradicionalmente desfavorecida de Marruecos. Con los meses, las protestas del considerado “15M” de la zona norte del país han derivado en un reclamo más global por la justicia social, el fin de la corrupción y un poder político autónomo y equilibrado para una población marginada en el Parlamento y el régimen alauí.

Bajo la batuta de Nasser Zafzafi, un rifeño en paro que tuvo que cerrar el negocio que regentaba por falta de ingresos, el movimiento crítico ilusionó a una población acuciada por problemas sociales y económicos muy parecidos a los suyos. El Ejecutivo marroquí, en manos del Partido de la justicia y el desarollo (PJD), afirma entender como legítimas las reivindicaciones. Pero decidió activar toda su maquinaria de represión para acallarlas, no solo con policías y militares en las calles, sino acusando a los activistas de "separatismo" y de instigadores de una suerte de rebelión contra la integridad del país.

No en vano Zafzafi fue detenido, encarcelado y acusado de poner en riesgo "la seguridad del Estado". Permanece en prisión. Junto a él, decenas de activistas del movimiento fueron arrestados y maltratados, según han denunciado sus abogados. La rabia por la dura represión al ejercicio de manifestación, las detenciones masivas y la violencia policial tomó fuelle en las redes sociales ante la coacción gubernamental a los seguidores del movimiento y la detención de periodistas.

El de Rif es un pueblo tradicionalmente enemistado con la monarquía por antiguas guerras e invasiones coloniales, pero el espírutu de su particular primavera árabe rebasó la provincia de origen, Alhucemas, y ha sido replicado en capitales marroquíes como Tánger, Marrakech, Casablanca o Fez.

Zafzafi se ha convertido en una especie de mártir por los derechos de toda una generación que no encuentra futuro en un país al borde de Europa donde las garantías judiciales para los detenidos brillan por su ausencia. Las mujeres han tomado la delantera y un grupo de jóvenes rifeñas ha abanderado las últimas protestas de la ola de indignación marroquí. Nuevas activistas que dan voz a las encarceladas tratando de que el mensaje sea escuchado y no aplastado por el Gobierno.

La noticiabilidad en España

Hasta aquí la fotografía básica sobre la que hay que profundizar leyendo a medios internacionales y diarios españoles con corresponsalías o colaboradores sobre el terreno. Pero la comparación entre el hueco mediático para Marruecos en los últimos ocho meses respecto al altar permanente de los grandes medios españoles reservado a Venezuela es tan inevitable como delirante.

Quizá con un análisis de los criterios de noticiabilidad clásicos podamos excusar a la opinión pública española de girar tanto su cabeza hacia uno de los focos como para quedarse ciega.

Uno de esos principios es la proximidad. España tiene frontera con Marruecos en Ceuta y Melilla y solo los 13 kilómetros de Estrecho de Gibraltar separan a ambos países sin contar a las Ciudades Autónomas. Venezuela está a unos 7.200 kilómetros. Los nexos culturales con el país chavista son el gran argumento para defender el repentino hermanamiento de nuestros medios con la crisis económica, política y social de Venezuela por encima de cualquier otro punto del planeta; es obvio que los lazos culturales entre España y Latinoamérica son innegables y la lengua común es la principal demostración.

Pero quizá sea necesario recordar que España también tuvo colonias africanas. El Protectorado en Marruecos ocupaba precisamente el Rif y el antiguo Sáhara Occidental, mantenidos bajo yugo español hasta 1956 y 1975 respectivamente. Tras décadas de guerras, invasiones e independencias, España es hoy uno de los apoyos internacionales más sólidos de la monarquía marroquí. La Casa Real española ha alabado los avances democráticos del Rey Mohammed VI e incluso algunos políticos españoles creen que Marruecos vivió en los 2000 una especie de Transición española. Existe una relación de protección mutua con épocas de recelos por cuestiones tan centrales como la calidad democrática o los Derechos Humanos. Sobre ellas, una y otra vez, acaba imponiéndose la fuerte hermandad de ambas casas reales y los intereses comunes para mantener las espadas gachas.

Por otro lado, la comunidad marroquí en España roza las 750.000 personas; la venezolana suma unas 68.000. Más proximidad: la causa de los saharauis, expulsados de su territorio por Marruecos en un exilio de más de medio millón de personas hacia campos de refugiados argelinos, mantiene una intensa llama en decenas de asociaciones y plataformas españolas desde hace lustros.

La actualidad es otro de los criterios: ambas crisis socio-políticas presentan hoy constantes elementos de actualidad informativa, aunque muchos medios ya señalaron la extraña reaparición de los problemas de Venezuela en el panorama mediático español justo antes de procesos electorales. Otro punto más, la relevancia, complicada de ponderar. Si recurrimos a los Derechos Humanos y consideramos que en Venezuela hay presos políticos, en Marruecos nunca los dejó de haber, a cuenta del conclicto con el Frente Polisario. En 2017 hay que sumar a los del Rif. Con la diferencia de que los presos políticos que ha dejado la revuelta no reclaman la caída del régimen alauí ni luchan por su desaparición como objetivo básico. Una vía que sí han seguido los líderes de la oposición venezolana, que recurrentemente alentan al ejército a derrocar por la fuerza a Maduro.

La relevancia puede tener otro enfoque: España es la guardiana de la frontera sur europea, pero los servicios impagables de Marruecos para frenar la migración subsahariana hasta el Mediterráneo son muy relevantes. En este sentido, los actos políticos y las posibles violaciones de DDHH de nuestro vecino corresponsabilizan a España a un nivel que no existe, ni parece que vaya a existir, respecto a Venezuela.

Muchas ONG han alertado sobre la altísima conflictividad social que por momentos se ha vivido bajo los gobiernos chavistas en el último lustro. Nuestros telediarios llevan años repletos de imágenes de enfrentamientos entre la policía del Gobierno y las fuerzas opositoras. De vuelta a África, hace apenas dos semanas la Coalición Marroquí de asociaciones de Derechos Humanos, que incluye a 22 formaciones, denunció violaciones de derechos humanos perpetradas por la policía marroquí en la zona del Rif, incluidas detenciones masivas a jóvenes que participaron o simplemente grabaron las protestas, llegando a irrumpir en los domicilios durante en la noche, fuera de la hora legal, para realizar detenciones y registros.

Está claro que el criterio de "conflicto" convierte en noticia, tristemente, a ambos países. En cuanto a la "rareza", los medios españoles llevan años cubriendo con especial atención la crisis venezolana, que ya llena tertulias, columnas de opinión, acalorados debates, titulares, programas radiofónicos enteros, además de ser el arma arrojadiza más surrealista en la política española. Las protestas en Marruecos comenzaron hace ocho meses, tienen menos recorrido pero más novedad, están más cerca, recientemente son protagonizadas por mujeres en un país de mayoría musulmana. Y aún así no han conseguido ni una pequeña proporción del espacio mediático dedicado a Venezuela.

Hay más criterios, según el clásico elenco de noticiabilidad de Carl Warren en "Géneros periodísticos informativos": suspense, emoción. De nuevo, ambas crisis se ven representadas en ellos, con matices. Pero hay un último índice: las consecuencias. Se pueden cuantificar en número de muertos, heridos, presos políticos, presiones a medios de comunicación, estado posterior de la sociedad.

Pero estamos viendo cómo un trato informativo sumamente desequilibrado también tiene consecuencias para el emisor de los mensajes: nos rodea una narrativa política y mediática desquiciada que alimenta una opinión pública infantil, adicta a las proclamas simplonas y las polémicas sin rigor. ¿Por qué en España hablamos tanto de Venezuela y tan poco del Rif? Porque ya todos, medios y lectores, somos víctimas de nuestro propio vicio por crear y consumir conforme a unos criterios informativos trasnochados, irresponsables e injustos.



“El Rif nunca encontrará la paz mientras nuestras reivindicaciones no sean satisfechas”

por Rosa Moussaoui
Fuente : Viento Sur

El 7 de julio de 2017, al anochecer, convocadas por un llamamiento en las redes sociales, cerca de 300 mujeres se movilizaban, en la plaza Maréchal, en Casablanca, para demandar la liberación de los detenidos políticos del Hirak. “En pie contra el encarcelamiento político, ¡estamos dispuestas!”, habían anunciado en las redes sociales. Estudiantes, militantes, madres de familia y mujeres de todas las edades acudieron a la cita.

Con micrófonos y pancartas, gritaban “libertad y dignidad para los presos” o “no tenemos miedo al majzén y su represión”.

En el corazón de las consignas y de los espíritus: Salima Ziani (Syla), figura femenina del Hirak y artista de 24 años, detenida el 5 de junio y encarcelada desde hace más de un mes en Oukacha (prisión de Casablanca). Dibujado en blanco y negro en el suelo, el retrato de la joven estuvo presente en medio de la multitud, hasta el final de la movilización.

“No dejaremos que el Estado encarcele a nuestras mujeres, exigimos la liberación inmediata de Sylia y de todos los detenidos del Hirak”, han gritado madres de familia acompañadas de sus hijos, mientras pequeños grupos se encadenaban las manos en gesto de solidaridad.

“Estamos orgullosas de hacernos oír. Es también un grito de solidaridad hacia todas las mujeres del Rif, que se han enfrentado a las porras y a la violencia en las calles cuando solo reclamaban justicia. No las olvidamos y la movilización no ha hecho más que comenzar”, explica Amina Khalid, del comité de apoyo de las familias de las personas detenidas en Casablanca.

Antes de disolverse, las mujeres reiteraban su llamamiento a manifestarse el 12 de julio, el día en que Sylia Ziani comparecerá ante el tribunal en Casablanca. Issam El Yadari, en la página Le Desk, del 8 de julio de 2017, escribe: “Los policías con casco y provistos de porras que vinieron a dispersar la concentración organizada en el césped frente a las verjas del Parlamento, dieron patadas a las mujeres que protestaban, atacando también a los periodistas presentes para cubrir el acontecimiento. Actos deliberados, ordenados por los oficiales al mando, como atestiguan diferentes testigos. Al fotoperiodista de la página Lakome2, Ahmed Rachid, le tiraron al suelo y le quitaron su material mientras le daban una paliza. Un trato reservado a todas las personas allí presentes, incluso a simples paseantes como muestran las imágenes grabadas por la página Al30mq. Una quincena de personas de todas las edades resulatron heridas y algunas de ellas tuvieron que ser evacuadas en ambulancia” (Red. A l´Encontre).

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En Marruecos el espacio público está cerrado

Entrevista con Khadija Ainani* realizada por Rosa Moussaoui

La respuesta represiva en el Rif es emblemática del desprecio del poder a todo el país. Para las personas defensoras de los derechos humanos, la revuelta contra las injusticias sociales debe poder expresarse.

¿Cómo explicar la profundidad y la duración del movimiento popular en el Rif?

Las secciones locales de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) en el Rif, siguen este movimiento desde hace ocho meses. Tras la muerte de Mohssine Fikri, la cólera, la emoción y el rechazo de la impunidad han empujado al conjunto de la población a la calle para exigir justicia. El Estado no se ha tomado en serio la situación. La investigación no ha llegado hasta el final. No ha habido diálogo. Mientras tanto, el movimiento se ha ampliado a demandas sociales y a una reivindicación de la cultura amazigh.

Desde el levantamiento de 1958, esta región ha sido teatro de numerosas violaciones de los derechos humanos. En 2006, [el organismo estatal] Instancia Equidad y Reconciliación sugirió reparaciones por el perjuicio colectivo sufrido por las poblaciones del Rif. Pero sus recomendaciones no tuvieron ningún efecto.

¿Se limitan al Rif las problemáticas sociales planteadas por el Hirak?

No. Es, por otra parte, una de las razones por las que manifestaciones de solidaridad con el Rif se organizan en todo Marruecos. La propaganda del Estado para intentar aislar a los rifeños acusándoles de separatismo es un fracaso.

De hecho, el rechazo a respetar los derechos fundamentales conduce a la exclusión de la mayor parte de las regiones. El movimiento del Rif dió la señal a otras comunidades que expresaron a su vez reivindicaciones propias. Las reivindicaciones del Movimiento 20 de Febrero 1/vuelven a salir así a la superficie con la exigencias de respeto de los derechos civiles y políticos, de reconocimiento de los derechos sociales, económicos y culturales, de separación de poderes. La gente, en fin, está exasperada por la dilapidación de los recursos del país.

Ningún sector está al margen de la corrupción. El entorno real no rinde cuentas del uso del dinero público. El contraste entre las fortunas acumuladas fácilmente y la extensión de la pobreza es muy chocante. Todo esto alimenta fuertes tensiones sociales, que no pueden expresarse en el espacio público, cerrado por las autoridades. Vivimos una restricción preocupante de la libertad de expresión. El poder no tolera ninguna crítica, emane de las ONG, de la prensa o de los partidos políticos.

¿Qué piensas del informe del Consejo Nacional de Derechos Humanos (CNDH) que confirma las alegaciones de tortura a las personas detenidas?

Solo una parte de este informa ha sido objeto de filtración. El CNDH insiste en que no se trata de un documento oficial y que nunca debería haberse hecho público. En cualquier caso, de esta instancia oficial del Estado marroquí sale una parte de la verdad. Esto legitima las llamadas de atención de las asociaciones de defensa de los derechos humanos y de los observadores independientes.

El 21 de junio, la Coalición marroquí de las instancias de los derechos humanos (CMIDH), en la que participa la AMDH, publicaba un informe señalando “torturas, humillaciones y amenazas de violación” a personas detenidas en el Rif. Lo que enturbia todos los procedimientos entablados en su contra. Por tanto, será preciso dialogar con quienes han dirigido este movimiento durante ocho meses. Y dar respuesta a las reivindicaciones de la gente del Rif, que aspira simplemente a una vida digna.

(Publicado el 7 de julio de 2017).

Khadija Ainani es vicepresidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH).


Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

1/ Según Thierry Descrues, en L’Année du Maghreb, de 2012: “El 20 de febrero de 2011, miles de marroquíes se manifestaron en la mayor parte de las ciudades del país. Respondieron al llamamiento lanzado inicialmente en internet por jóvenes pertenecientes a diferentes redes sociales creadas en la web 2.0. Éstos exigían una serie de reformas en diferentes terrenos: instauración de un régimen democrático surgido de una Asamblea Constituyente, aplicación de los principios de la buena gobernanza en los asuntos públicos, reconocimiento del pluralismo social e identitario de la sociedad marroquí, extensión del acceso de la población a la salud, educación y empleo. La fecha de las primeras manifestaciones dio su nombre al movimiento de protesta: Movimiento del 20 de febrero (M20F). Desde entonces, las manifestaciones se repitieron a lo largo del año 2011, generalmente cada domingo con una movilización más pronunciada cuando ese día se acercaba a la fecha del 20 de cada mes” (Red A l´Encontre).

jeudi 6 juillet 2017

El Rif. Pueblo hermano, país vecino (Parte II)

Fuente : Lubre-Historia

¿Un gobierno o una banda criminal?

Esta frase, que escribió Abdelkrim en su exilio en El Cairo, ha sido retomada por las protestas rifeñas que se han extendido desde finales de octubre del 2016 como consecuencia de la muerte del vendedor de pescado Mouhcine Fikri en Alhucemas. Esta expresión adquiere fuerza en Marruecos en estos meses, retomando una vieja denuncia de los movimientos populares marroquíes sobre la corrupción del rey y los partidos políticos, así como su ineficacia en resolver los problemas del pueblo. Esta ineficacia no es casual, y se vincula en la memoria colectiva con la impunidad de las violencias policiales y la ausencia de investigaciones oficiales ante dichos crímenes. Así, una de las reivindicaciones del movimiento popular, o Hirak, es la depuración de responsabilidades ante la muerte de Fikri, a lo que se suma el esclarecimiento de los 5 jóvenes quemados en el año 2011 y otros casos que han trascendido menos, como el del rapero Rifinox, que apareció muerto en 20151. Frente a esta impunidad del estado marroquí y sus gobiernos, ningún partido político denuncia ni cambia la situación. Esto ha provocado que Zefzafi los haya tildado de “tiendas políticas” y “cañerías de desagüe”, mostrando la desafección política de la población rifeña y marroquí. El presidente de la Asamblea Mundial Amazigh de Marruecos, Rachid Raha, afirma que exceptuando el Partido Socialista Unificado, ninguna formación política ha apoyado las protestas rifeñas, manteniéndose en su visión arabocéntrica y excluyente de las regiones amazigh2. Y es que una característica de los partidos políticos en Marruecos, como en el Rif, es su carácter fuertemente clientelar y corrupto, vinculado al poder de Rabat o Mazjen.

Otra expresión de este carácter mafioso de los partidos políticos y de gobierno está relacionado con la producción y distribución del hachís en el Rif y hacia Europa. Rachid Raha ha denunciado en más de una ocasión la existencia de redes clientelares ligadas al Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), en torno al cual debemos situar al narcotraficante Said Chaou. Este personaje ha sido tildado por la prensa del régimen como cabeza del movimiento, para desprestigiarlo3, generando un conato de crisis diplomática con Holanda, país donde vive. El PAM, por su parte, es el partido que controla todos los mecanismos institucionales de la región, mientras que los barones de la droga en su sombra intervienen en toda la producción y distribución del cannabis, influyendo en la inexistencia de alternativas económicas en la región4. Por supuesto, ni que decir tiene que existen pruebas acerca de la conexión de estas redes empresariales con la propia corona marroquí5. Lo mismo podemos decir en lo relacionado con la llamada “mafia” marítima o agrícola que se ha enriquecido a costa de la enajenación de tierras comunales y de zonas de pesca, a costa de las familias rifeñas6. Debemos apuntar que también se han intentado situar al PAM como partido detrás de las protestas, algo que ha sido negado por los activistas7.

Por su parte, está la represión y la fragmentación cultural. La continua presencia policial, los controles aleatorios en la región, el mantenimiento de Alhucemas como zona militarizada, la suspensión en la práctica del derecho de manifestación en el Rif desde el año 2012 o los asesinatos de militantes, son una clara expresión de lo que el “democrático” Marruecos realiza con el fin de controlar a la región. Las divisiones administrativas del Rif, fragmentándolo y alejando sus centros de poder (hacia Tanger), las políticas de arabización y de aculturación, así como la negativa a reconocer la identidad rifeña y amazigh, son otros mecanismos más sutiles que desde hace décadas operan.

Y, por último, apuntemos el factor religioso. El uso del Islam por parte del régimen alauita y del Mazjen es otro factor importante a la hora de entender las revueltas y el ciclo de luchas que se ha abierto. Mohammed VI, actual rey, es el “Comandante de los creyentes” y en el Rif se ha visto claro cómo se ha utilizado para sus fines partidistas. Diversos sermones religiosos de algunos imanes en mezquitas del Rif contra el Hirak, provocaron la indignación popular y que el líder de las revueltas, Zefzafi, preguntase si “¿las mezquitas son la casa de Dios o del Mazjen?”. Días después, se produjo un boicot a dichos sermones, lo que motivó el arresto de Zefzafi. La vinculación de la religión con el poder marroquí, ha sido puesta en evidencia por el movimiento popular, asestando un duro golpe a una de las bases de legitimidad del rey en el país magrebí8.

Esta realidad debemos contextualizarla en un régimen marroquí que ha estado totalmente alineada con el desarrollo de políticas neoliberales e imperialistas. Ya hemos hablado de los planes de ajuste estructural de los años 1980, la vinculación con los capitales franceses y la sistemática corrupción de los partidos políticos, totalmente alejados del pueblo marroquí. La situación estratégica de Marruecos en el Estrecho, controlando los flujos migratorios subsaharianos, ha hecho que no sólo la Unión Europea haya afianzado lazos económicos y de defensa, sino que EEUU haya buscado su alianza militar. Así, se desarrollan programas de cooperación OTAN-Marruecos, conocidos como “African Lion”9, en los que anualmente se realizan operaciones militares que persiguen la integración de los ejércitos marroquíes y de la organización militar imperialista. Por su parte, en 2008, EEUU creó una base militar en el sur del país, la de Tan Tan, en el marco de instauración del Africom que finalmente ha establecido su sede en la base de Morón, Andalucía10. El interés estadounidense por el control de la orilla sur del estrecho, mediante su presencia en el nuevo puerto de Tanger-MED, no puede más que entenderse en el total plegamiento del gobierno del país africano a los designios imperialistas11. La reciente visita de Macrón al país marroquí, depositando su confianza en el rey para superar la crisis, o las recomendaciones de EEUU para que el país ataje de forma efectiva las protestas con el fin de evitar que se convierta en un foco de inestabilidad, demuestra lo estratégico que el régimen marroquí es para el Occidente capitalista y cómo las propias revueltas rifeñas se enfrentan a un monstruo con potentes aliados.

La lucha del Rif

Las y los manifestantes rifeños de los últimos meses se han extendido por diversas ciudades, desde la capital de la revuelta, Alhucemas, hasta Nador, Tetouan, Beni Boufrah o Imzouren, localidad natal de Fikri. Las reivindicaciones son claras: el fin de la corrupción, de la marginación, de la militarización de la región y la pobreza. La juventud no ve futuro y sale a las calles. Su componente de clase ha sido reiteradamente señalado: las manifestaciones surgen de los barrios populares, estando protagonizadas por el proletariado informal, la juventud precarizada en alianza con la pequeña burguesía asfixiada por la situación económica y aplastada por las grandes mafias económicas que controlan los mecanismos económicos y políticos de la región12.

La memoria colectiva de las luchas y violencias del pasado, la identidad amazigh y rifeña, así como la respuesta arrogante y violenta del gobierno, tildándolos de separatistas, no ha hecho más que multiplicar la rebeldía. Ni los sermones religiosos, boicoteados, ni la represión sistemática, ni las promesas de hacer efectivos los planes de desarrollo en la región han apaciguado las protestas. El régimen ha perdido la legitimidad, mientras que el pueblo ha perdido el miedo. Los partidos políticos clientelares no son interlocutores válidos para una parte de la población rifeña, que ve en la autoorganización y la protesta -de momento fundamentalmente pacífica- la única salida a una situación insostenible. La organización popular recorre los barrios, creándose comités y comisiones de acción que multiplican su efectividad gracias a las redes sociales. Las manifestaciones son masivas, la solidaridad es enorme: en las últimas semanas se han podido ver a taxis transportando de forma gratuita a las y los manifestantes con menos recursos.

La detención del líder de las protestas y del Movimiento Popular Rifeño, Zafzafi, el 29 de mayo13, tras la histórica manifestación del 18 de mayo en Alhucemas, ha sido sólo el comienzo de detenciones de decenas de activistas, periodistas14 o blogueros (hasta más de 300 procesadas/os a lo largo de ls protestas, actualmente, alcanzan las 201 personas condenadas, arrestadas o procesadas en libertad vigilada), y la aparición de nuevas caras visibles de la protesta, como Nawal Ben Aisa15. De hecho, en el encuentro de los comités europeos de apoyo al movimiento rifeño que se celebró en Madrid el 20 de mayo, un portavoz del movimiento popular rifeño, Reda Benzaza, afirmaba que los rifeños y rifeñas habían perdido el miedo y destacaba el papel en primera línea de las mujeres rifeñas, como máxima expresión de la rebeldía rifeña16. Las mujeres han tenido un papel protagonista en todos los episodios de lucha que aquí hemos expuesto, estando en primera línea contra la colonización y de las protestas sucesivas17; y, en los últimos años, con diferentes experiencias de autoorganización, como el activo Forum des Femmes18 o la organización Chabaka19, o participando en la Asociación Marroquí de Derechos Humanos. Las activistas femeninas son numerosas, y su memoria es fértil en Alhucemas y el Rif. Desde activistas con experiencia como Zohra Koubia, presidenta del Forum des Femmes, a jóvenes artistas, como la cantante Siliya Ziani, la primera mujer detenida en las protestas20. La participación de mujeres de todas las edades en primera línea del Hirak, supone una afrenta al poder patriarcal marroquí, y revierte una progresiva situación de repliegue de la mujer en el ámbito público, que Koubia ha asociado al aumento de la emigración, que obliga a las mujeres a cuidar de la casa y de los hijos/as, o el analfabetismo, que en Marruecos alcanza el 60% de las mujeres21. Esta realidad choca con la imagen que el pensamiento racista e islamófobo ha creado de las mujeres musulmanas, presentándolas como seres pasivos y sin capacidad de participación política.

Las protestas se han extendido dentro y fuera de Marruecos, añadiéndose la nueva y primordial demanda de la liberación de las presas y presos rifeños. El 4 de junio se convocó una huelga general en el Rif. El pasado miércoles 14 de junio se supo la condena de 18 meses de cárcel a 25 activistas, a lo que se han sumado los registros indiscriminados y un seguimiento de los activistas rifeños en Marruecos y fuera, que han tenido como respuesta una huelga de hambre desde el pasado día 1522 y el llamamiento a una huelga general23. El 26 de junio, una masiva manifestación pidiendo la libertad de los detenidos y detenidas que coincidía con la fiesta del final del Ramadán, el Aïd, en Alhucemas, han sido respondidas con nuevos episodios de represión24 y el envío al Rif de tropas militares acantonadas en el Sáhara, sitiando Alhucemas y estableciendo controles de acceso a la región. Cientos de vídeos de la represión policial han inundado las redes sociales, mostrando imágenes de verdadero asombro, como son policías antidisturbios persiguiendo y controlando a manifestantes en la playa o dentro del mar25. La multiplicación de las detenciones y acoso policial, ha ido de la mano de malos tratos y la ausencia de los derechos básicos para las personas detenidas, entre las que se encuentran menores. Esta situación ya ha generado los primeros refugiados que han pedido asilo político en Andalucía26, y ha hecho que se lleve el caso a la sub-comisión de derechos humanos del Parlamento europeo27. Fuera del Rif, las protestas se han multiplicado en las grandes ciudades como Tánger, Marrakesh, Rabat o Casablanca; y también fuera del país. La numerosa población rifeña exiliada o emigrada ha posibilitado que en múltiples países y ciudades europeas y americanas28, se hayan organizado comités de apoyo al Rif, que hacen que en esta ocasión, las protestas tengan un mayor calado y sean más peligrosas para el régimen de Rabat29. Diversas formas de protestas se han extendido, desde vídeos de marroquíes quemando y rompiendo sus documentos de identidad30, hasta la reciente dimisión de varios alcaldes de la región de Alhucemas31. La próxima cita será el 20 de julio, coincidiendo con el aniversario de la batalla de Annual, en lo que supone un acto simbólico de reivindicación de la derrota española a manos de tropas rifeñas, y toda una declaración de intenciones del movimiento.

De esta forma, el movimiento del Hirak supone una importante afrenta al régimen marroquí y al actual gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo32. Hasta la fecha, la respuesta del gobierno de El Othmani ha sido en forma de represión y de gestos políticos vacíos, como la destitución del gobernador de la región a fines de marzo o las promesas del ministro del interior Laftit de ofrecer planes de desarrollo, lo que los rifeños no creen hasta que vean hechos tangibles. Otras respuestas, como la de fortalecer la enseñanza del tamazight en las escuelas superiores, parecen también vincularse a la presión de estas protestas33. Los intentos por parte de la monarquía de que se desarrollen algunos planes de desarrollo, choca esta falta de legitimidad del régimen, que parece indicar que no volverá a ocurrir como en 2011, cuando la promesa de cambios en el país fruto de una nueva Constitución provocó que las luchas se apaciguasen.

No sabemos en qué grado la monarquía y el gobierno marroquíes serán capaces de resolver esta crisis, que, si bien intenta mantener en el ámbito de su política interior, ha trascendido a una crisis internacional34. Su resolución debe pasar por una salida política que hoy en día parece tener su única posibilidad en un modelo autonómico35. No obstante, todo parece indicar que esta salida, que ha abierto el propio régimen al anunciar que otorgará al Sáhara una autonomía dentro de Marruecos36, es poco probable, ya que en el caso de Sáhara responde más a un intento de Marruecos de recuperar sus apoyos perdidos a nivel internacional, que a una voluntad real de ceder espacios de poder desde Rabat a las diferentes regiones, a lo que se suma los propios intereses económicos y estratégicos por controlar esta región. Habrá que ver cómo el movimiento popular consigue mantener el nivel de las protestas y continuar enfrentando al poder del gobierno y la monarquía marroquíes, para forzar cambios reales que no queden en papel mojados como la Constitución del 2011 o anteriores promesas. Par ello, depende no sólo la propia capacidad organizativa de los comités y organizaciones rifeñas que están participando en el Hirak, y de marcar una estrategia efectiva de lucha; sino la capacidad de ampliar la solidaridad en todo Marruecos, así como establecer alianzas internacionales que presionen y aislen al régimen desde fuera. Lo cierto, no obstante, es que a nivel internacional Marruecos se haya muy fortalecido, considerado el gran interlocutor “democrático” africano para gestionar la migración, como se ha demostrado en la 29 Cumbre de la Unión Africana que se ha celebrado en Adis Abeba, capital etíope, el 4 de julio. En ella, Mohamed VI, en representación de Marruecos, que ha sido recientemente integrado en dicha Unión (una vez avanzado el trámite de autonomía del Sáhara), ha presentado medidas para gestionar y frenar la migración37.

La lucha rifeña desde Andalucía

Empezamos afirmando que existen vínculos históricos entre el Rif y Andalucía. El carácter de vecindad ha provocado que nuestra historia esté unida desde hace miles de años. Un vistazo a la historia de la región desde la prehistoria así nos lo indica. Las influencias y contactos en el neolítico; la creación de círculos comerciales en la protohistoria; las conexiones comerciales y de movimiento de población bajo la dominación romana; la llegada de población amazigh al sur peninsular con la creación de Al-andalus; o la emigración de población andalusí, morisca o judía al Norte de Marruecos tras la conquista castellana, son algunos de los datos que permiten afirmar esto. Desde el siglo XIX hasta la actualidad, los contactos han sido múltiples, en un doble sentido. Las clases populares hemos mantenido relaciones y lazos solidarios, en forma de refugio ante la represión, acogida o simple vecindad. No hay que olvidar que el Rif ha sido una región donde se han refugiado militantes y activistas andaluces, como es el caso de republicanas/os o el propio Fermín Salvochea. Por su parte, desde las clases dirigentes, ha existido una alianza para realizar una colonización y neocolonización en una dirección norte-sur que provocó el establecimiento del Protectorado y un subdesarrollo del país marroquí.

Esta vinculación histórica que hemos esbozado hace que desde Andalucía, desde la orilla norte del Estrecho, los acontecimientos del Rif, nuestro pueblo vecino, sean de gran trascendencia. De su capacidad de democratizar y de avanzar en derechos en el país vecino depende en buena parte las posibilidades de establecer en el Estrecho relaciones de fuerza favorables a los pueblos soberanos frente al capital. Ayer como hoy, los pueblos rifeños y andaluz tiene los mismos enemigos. Tanto el Rif como Andalucía se hayan supeditadas a sendos estados insertados en estructuras supranacionales militares -OTAN- y político-económicas -la Unión Europea, en menor o mayor grado-. Ambas sufren de la implantación de violentas lógicas de ganancias capitalistas y de control imperialista de sus costas, como las bases de la OTAN en territorio andaluz y el renovado interés estadounidense en la costa rifeña señalan.

Pero no debemos olvidar que Andalucía es parte e integrante de una economía capitalista y de un conglomerado de capital que participa de la explotación neo-colonial de Marruecos, a lo que se suma su papel como tierra de demanda de hachis que alimenta a las mafias, por no hablar de su participación política en un estado, el español, que no tiene ningún interés por modificar la realidad política marroquí, ya que, entre otras, le sirve a sus intereses para frenar la migración subsahariana. Nuestra mejor forma de ayudar a los pueblos en lucha, como nuestro pueblo hermano amazigh y rifeño es, no sólo apoyar y difundir acerca de su situación y lucha, sino emprender nuestras propias revoluciones para no ser partícipes de la explotación de países del tercer mundo y neo-colonizados. De no permitir que nuestro estado, dentro o fuera del marco europeo, apoye el régimen marroquí o participe en operaciones de represión de la policía marroquí38. Más allá de objetivos maximalistas, es posible aquí y ahora establecer objetivos concretos que avancen en esta dirección, como está ocurriendo con el posicionamiento de diversos ayuntamientos en contra de la violación de derechos humanos en el Rif, como es el caso de Barcelona, Murcia o Cádiz39. Sea como sea, no podemos olvidar que el fin del capitalismo y del imperialismo dependerá en buena parte de ese internacionalismo de los pueblos que tanto intentan minar con el chovinismo y el racismo.

Yendo más allá, debemos ser conscientes que cualquier transformación social a largo plazo en Andalucía o el estado español (sea cual sea nuestro marco de lucha), debe pasar por una democratización de Marruecos, un abandono de su vinculación con la OTAN y una gestión sincera de las políticas migratorias, que no sea utilizado como válvula de escape y como arma de presión política a los países de la orilla norte del Mediterráneo. El nuevo puerto de Tanger MED, donde las empresas de transporte de mercancías disfrutan de una masa de trabajadores con escasos derechos laborales y bajos salarios, está suponiendo una gran amenaza para el puerto de Algeciras, que está viendo parte de su tráfico comercial derivado a Marruecos, lo que podría provocar respuestas en forma de recortes laborales y discursos racistas anti-marroquíes. Esta rivalidad, sólo tendría un ganador: la precariedad laboral y el aumento de ganancias de las grandes compañías del sector como la gigantesca Maersk, que no entiende de fronteras. En definitiva, cualquier revolución o cambio que atenten contra los intereses capitalistas en Andalucía, no sólo tendrá que enfrentarse a una reacción de los poderes a los que nos encontramos sometidas (el IBEX35, la Troika, la OTAN…), sino de sus aliados al otro lado del Estrecho. Por lo tanto, el debilitamiento del régimen arabocéntrico y capitalista marroquí, no sólo nos debe alegrar como parte de nuestra conciencia y solidaridad internacionalista y antiimperialista; sino porque nos ayuda a nuestra propia liberación. Y ese debilitamiento hoy en día se concreta en la lucha del pueblo saharaui por el control efectivo de su territorio y el ciclo de luchas populares rifeñas.

Las luchas rifeñas y de democratización del país vecino son nuestro mejor aliado para un futuro de convivencia entre pueblos. De su capacidad de movilización y establecimiento de una estrategia victoriosa, depende también nuestro futuro; como de activar nuestras propias movilizaciones sociales y políticas depende el suyo. Ya que ambas son condiciones indispensables para convertir nuestro Estrecho en tierra de paz, no de bases militares; de refugiados, no de concertinas y migrantes utilizados como arma arrojadiza; de derechos laborales, no de sometimiento a la Unión Europea y la Troika; de soberanía alimentaria y respeto ecológico, no de tierras y mares esquilmadas, que enriquecen a las grandes burguesías y mafias agrícolas; de autonomía industrial, no de economías dependientes que beneficien a los productores y capitales foráneos; de desarrollo social y defensa de la identidad cultural, no de pueblos alienados y aculturados por el imperialismo español o árabe; de mujeres empoderadas, no invisibilizadas y sumisas, relegadas a un rol pasivo; y en suma, son condición indispensable para avanzar al socialismo, para convertir al Estrecho en una tierra de futuro, frente a las políticas capitalistas, imperialistas, sexistas y racistas, que nos condenan a la barbarie.

















































































El Rif. Pueblo hermano, país vecino (Parte I)


Fuente : LUMBRE HISTORIA, 4/07/2017


Las andaluzas y andaluces conocemos muy poco sobre el Rif y su población. Desconocemos su historia, las tensiones sociales e identitarias existentes, las condiciones en que vive el pueblo trabajador rifeño y el papel que juega su territorio en el seno del país marroquí. Y no obstante, Andalucía y el Rif están íntimamente ligadas: no podemos entender nuestra historia sin comprender la suya; ni pensar nuestro futuro sin tomar en consideración las luchas sociales rifeñas y la capacidad de su pueblo para democratizar la orilla sur del Estrecho.

Ahora que el Rif vuelve a aparecer en el imaginario colectivo marroquí y en la prensa como territorio rebelde e insurgente1, fruto de un nuevo ciclo de luchas populares2, se hace necesario realizar algunas reflexiones sobre la realidad de este territorio y el impacto que tiene en Andalucía. Queremos desgranar la historia del Rif y la naturaleza de su lucha en el seno de Marruecos, así como su importancia para el futuro de los pueblos del sur de Europa.

1921, 1958, 1984, 1990, 2011, 2016-2017… La larga lista de episodios de lucha social, resistencia al poder central y denuncia de la situación de pobreza y marginalidad por parte de los rifeños es síntoma de su condición de pueblo consciente. El último de estos episodios, denominado Movimiento Popular rifeño “Hirak al Chaabi”, estalló el 28 de octubre del 2016, a causa de la muerte del joven pescador Mouhcine Fikri en la ciudad de Alhucemas, triturado en un contenedor de basura. A día de hoy, fruto de la ausencia de una condena a los responsables de dicha muerte, así como de un trasfondo social y económico muy degradado y de la marginación política del Rif, el movimiento sigue vivo, nutriéndose de nuevos líderes populares y estrategias organizativas, en forma de comisiones y asambleas populares. Se mantiene la lista de demandas al gobierno marroquí, se amplia la petición de la libertad de los y las activistas detenidas, que suman ya más de 300, y toma fuerza la organización de los y las rifeñas en la diáspora europea. Para entender cómo se llega a esta situación, es necesario realizar un repaso histórico del Rif3.

Unas claves sobre el Rif

La activista rifeña en el exilio, Fateha Tegeoui, afirmaba en una entrevista ofrecida en el año 2013 a “La Verdad de Lanzarote”, que “El Rif nunca ha sido parte de Marruecos”4. Esta afirmación debe matizarse, ya que el Rif ha formado parte de unidades políticas y administrativas superiores que han terminando conformando lo que hoy en día conocemos como Marruecos. No obstante, es interesante en tanto que apela a la idiosincracia rifeña como territorio de gran independencia, identidad tribal y rebeldía histórica, en gran parte asociado al espíritu luchador amazigh/bereber, que conforma la base de su población. Veremos algunas claves para entender esto mejor.

En primer lugar, cabe distinguir entre árabe y amazigh/bereber. Amazigh es la población originaria del Norte de África (desde Egipto hasta las Islas Canarias y desde el Mediterráneo hasta el Sáhara), que poblaba estos territorios antes de la llegada de poblaciones foráneas, principalmente las árabes en el siglo VII, que comenzaron a asentarse y desplazar a los grupos étnicos amazigh. Junto con la población árabe (en un primer momento muy poco numerosa), se introdujo el Islam, que se expandió rápidamente por la Tamazgha (nombre dado a su territorio por los amazigh, lo que los árabes llamarían Magreb), sustituyendo a religiones cristianas, judías y animistas previas. La arabización que conoce esta región no sólo supone la llegada de población árabe, sino la pérdida de los idiomas y alfabetos amazigh (como el líbico-bereber), así como la aculturación árabe de sus poblaciones, a través del Islam. Esta arabización conoce un gran desarrollo con las políticas coloniales del siglo XX y con el propio estado marroquí tras su independencia en 1956.

En segundo lugar, debemos reflexionar sobre la naturaleza de los grupos humanos en el Rif y su relación con el estado. Según una reciente noticia de la Monde Amazigh, en el año 2016, bajo el gobierno de Benkiram, se expoliaron 30.000 hectáreas de tierras comunales y tribales en la provincia de Alhucemas (cerca de un 10% del total de su territorio)5, epicentro de las actuales protestas en el Rif. Más allá del carácter represivo de dichas medidas, en pleno inicio de las protestas del Hirak, este dato nos revela que en Marruecos han pervivido hasta el siglo XX estructuras de organización social que podemos denominar tribales. Son modelos de organización social comunitarios y ajenos a las lógicas capitalistas de propiedad y relaciones sociales productivistas. En pleno siglo XXI sus formas de propiedad comunitarias perviven y sobreviven a duras penas al ciclón (neo)liberal. El origen de estas formaciones tribales debemos rastrearlo en la prehistoria. Posteriormente, vivieron procesos de jerarquización y de surgimiento de reinados y de cierta centralización política, que siempre tenía la tribu como unidad social y productiva básica. Estos periodos de centralización han sido acompañados por presiones exteriores (fenicios-cartagineses, romanos, árabes, portugueses, españoles…), que en muchos casos han provocado movimientos de población de las tribus locales amazigh o la llegada de grupos tribales exteriores, ya sean amazigh o árabes. A pesar de estas dinámicas de jerarquización y de desintegración o pérdida de autonomía de las unidades tribales, así como el continuo movimiento a lo que fueron sometidas, estos grupos siguieron perviviendo y habitando amplias regiones del Norte de África.

La formación del sultanato aluita de Marruecos en el siglo XVII permite ver de que forma se concreta esta tensión entre tribus y estado central, así como el proceso de arabización. En general se ha descrito como una lucha entre el Bled-es-Mazjen (el estado) y el Bled-es-Siba (los territorios que no pagan impuestos). Cabe destacar cómo esta dinastía, que hoy en día sigue gobernando Marruecos, es de origen árabe y ha provocado una continua arabización de las zonas más importantes para el mantenimiento de su poder, ya sea por su importancia económica o estratégica. Así, por ejemplo, las zonas cercanas a las ciudades han sido sistemáticamente vaciadas de poblaciones tribales rebeldes -normalmente amazigh-, para ser ocupadas por otros grupos sumisos y que defendiesen el sultan ante revueltas. Esto ha provocado que en Marruecos los grupos amazigh que mantienen modos de vida tribales se hayan quedado replegados en las zonas montañosas y de menor interés para los propietarios y cadíes más poderosos, vinculados al estado. Ante el poder estatal -Bled es Mazjen- se ha opuesto históricamente en Marruecos un poder múltiple, de tipo tribal -Bled es Siba-, normalmente amazigh, que se ha negado a plegarse a la voluntad centralizadora del sultán, con respuestas violentas, lo que otorgaba una debilidad al estado marroquí que potenciaría su colonización a partir de 1911.

El Rif. Una historia de lucha y represión

La historia del Rif debe entenderse enmarcada en esta realidad compleja. Así, la región históricamente comprendida como Rif, que iría desde Tánger hasta el río Moulouya, y desde el Mediterráneo hasta el Corredor de Taza, se encuentra dividida en dos realidades étnicas6. La zona oriental, desde Targuist hacia el Moulouya, de naturaleza rifeña y amazigh, se caracteriza por haber mantenido su idioma (Chelja o tarifit) y la identidad tribal y bereber (zona verde en el mapa). Que veamos decenas de banderas amazigh en las manifestaciones se comprende en base a esta aplastante realidad; que observemos como sus manifestantes levantan los tres dedos centrales de la mano, es que expresan su comunidad amazigh: tierra (Akal), palabra (Awal) e identidad (Afgal). La zona occidental, llamada Jebala, es fundamentalmente arabofónica, fruto del movimiento de poblaciones árabes a esa zona como medio para controlar la rica y estratégica Península Tingitana, con grandes ciudades: Tánger, Tetouan, Ceuta, Chefchauen o Larache (zona roja en el mapa). En esta tendencia, ciudades históricamente rifeñas, como Ceuta, Melilla, Tánger, Tetouan, han sido sistemáticamente separadas de la región central y de su carácter amazigh, vinculándose a los poderes estatales marroquíes, como forma de controlar los flujos comerciales y la riqueza agrícola de la que disponían. Por su parte, las zonas más montañosas del Rif han quedado marginada económica y políticamente. Será a esta zona central rifeña a la que nos refiramos al hablar del Rif en este artículo.

Vemos una larga lucha y rebeldía rifeña por el mantenimiento de su soberanía. Ya desde el siglo XV, con las conquistas de Melilla y Ceuta por parte de las coronas portuguesas e hispanas, existió una resistencia rifeña a la pérdida del control de parte de su territorio. En la segunda mitad del siglo XIX, de nuevo, el pueblo rifeño lucha y se revela contra los intereses europeos en su territorio, en lo que sería la avanzadilla colonial. Estos movimientos cristalizarían en el siglo XX, tras el establecimiento de un protectorado franco-español en 1911 en Marruecos. La subordinación política del Rif a los poderes estatales del Sultán (situados entre Fez y Marrakech), pero también un original movimiento de liberación nacional anti-colonizador, son algunas de las claves que permiten entender la creación de la República del Rif en 1921 (línea puntada en el mapa). Dicha república instituyó un poder rifeño en gran parte del territorio del Protectorado español, bajo el liderazgo de Abdelkarim el Khattabi (Abdelkrim). La República, que duró hasta el año 1926, suponía una total afrenta a los planes colonizadores occidentales sobre Marruecos, y fue combatida furiosamente por las tropas francesas y españolas, acción conjunta que utilizó todos los medios a su alcance para triunfar: desde diferentes formas de terrorismo, hasta agentes químicos7. Aun hoy en día quedan secuelas de esta represión que, como veremos, se repetirá en pocos años perpetrado bajo bandera marroquí8. La “heroica” gesta militar franco-española explica que un joven Francisco Franco sea condecorado con la Legión de Honor francesa en 19289, título que aun a día de hoy conserva. Los vínculos entre “democracia” y terrorismo de estado, bajo el capitalismo, son demasiado evidentes. A pesar de la represión sufrida, la república del Rif quedará en la memoria rifeña como un periodo de independencia y que abría las puertas a un desarrollo y a una salida de la marginación que, finalmente, nunca se produjo. La bandera de la república quedará como un símbolo, lo que explica que hoy en día podemos verla ondear en diferentes manifestaciones10.

En 1956, Marruecos consigue su independencia fruto de una dura lucha de liberación, en gran parte armada, y de una situación delicada de los dos estados colonizadores, el español y francés. No obstante, el nuevo país queda controlado por las élites económicas, principalmente árabes y francófilas, que establecen en torno al rey Mohammed V su proyecto político. Este proyecto se vincula rápidamente a una identificación del país con la lengua y cultura árabe, defendiendo el proyecto centralizador del Gran Marruecos, optando por una posición neutral en la Guerra Fría que rápidamente girará hacia una orientación pro-occidental y capitalista, fortalecimiento a las ciudades y élites atlánticas (Rabat, Marrakech o Casablanca) y marginando a amplias zonas rurales y amazigh. Esta realidad fue contestada por grupos armados, restos del Ejército de Liberación Nacional, hecho que tuvo especial importancia en el sur y en el Rif. En el Rif, la centralización del nuevo país en Rabat, su orientación hacia los capitales franceses y marginación de la antigua zona española, así como la endémica situación periférica de pobreza, causará el levantamiento armado en los años 1958-1959, teniendo como brazo armado el Ejército de Liberación del Norte. La represión de las Fuerzas Armadas del nuevo país, a cuyo mando iba el heredero al trono y futuro rey Hassan II, junto con militares marroquíes de funesto recuerdo (Mohamed Oufkir, el “carnicero del Rif”11) y oficiales del ejército francés, no será menos dura que sus antecesores colonizadores: bombardeará la región con napalm y fósforo blanco, atajando de forma brutal la situación, sus soldados violarán a las mujeres, destrozarán pueblos enteros y asesinarán a los insurgentes. La “pacificación” del Rif, una vez más, fue a sangre y plomo, costando la vida de miles de rifeños. Cabe destacar que desde este momento, Alhucemas fue considerada zona militarizada por el decreto 1-58-381, el cual sigue vigente hoy en día12.

En estos años en Marruecos, no sólo se reprimieron los proyectos alternativos de país y se produjo años más tarde una represión sistemática bajo el reinado de Hassan II -en lo que se ha denominado los “años de plomo”- que duró hasta la década de 1990; sino que, según las reflexiones de Abraham Serfaty, se pusieron las bases para el sometimiento de los grupos tribales marroquíes, con la imposición de la propiedad privada y la lógica productivista del mercado, así como el desmantelamiento de grandes terrenos comunales. Lo que la colonización francesa y española no pudo lograr, el nuevo estado marroquí desarrolla a marchas forzadas en la década de 1960. Con el nuevo estado centralizado, el Bled-es-Siba desaparece, o se transforma…

La década de 1970 es de extensión de luchas obreras, estudiantiles y, en suma, populares en el país marroquí. La represión del estado, que consiste en el encarcelamiento, asesinato y obligado exilio, viene seguida por una operación de unidad nacional en torno a la reclamación del Sáhara y la Marcha Verde, presentándose la figura del rey Hassan II como aglutinador de Marruecos, algo en torno a lo que todo el arco político legal se enrocará. En el Rif, la represión, la implantación de lógicas capitalistas de producción que provocan el subdesarrollo y la pobreza en la región, así como el abandono por parte del estado, obligan a un exilio y emigración de buena parte de su población, no ya a Argelia, como había ocurrido en los años 20-30, sino a Europa.

En 1984, en el marco de la extensión en el país de políticas neoliberales con los programas de ajuste estructural, y de protestas populares que se inician en 1981 con los sucesos de Casablanca, vuelven a estallar protestas en el Rif. El exilio había expulsado a más de 3 millones de rifeñas y rifeños a Europa13 y la situación socio-económica no había cambiado; de hecho, se habían endurecido, con la subida del precio de los productos de primera necesidad, provocando las “revueltas del hambre”. Las revueltas del Rif de 1984, que comenzaron como protestas y huelgas estudiantiles, se transformaron en movimientos de masas que llegaron a convocar la huelga general en la región14. Su potencia y radicalidad se debe, no sólo a la situación social y la memoria rebelde del Rif, sino a la implantación en la región de movimientos políticos como Ila Al Amam (partido marxista-leninista que desaparecería fruto de la represión en la década de 1970 y 1980, y que daría lugar a Vía Democrática) y organizaciones culturales amazigh15. La represión del estado marroquí volvería a caer sobre la región, provocando cientos de muertos, detención de líderes y representantes políticos, y la desaparición de las organizaciones culturales y políticas en la región16. Asimismo, es en este contexto en que el rey Hassan II, en un discurso ofrecido a la nación, denomina a los rifeños de “awbach”, es decir, apaches. Calificativo que ha quedado hasta el día de hoy y que simboliza la política de Marruecos sobre el Rif17. Estas revueltas del hambre se repetirán en 1990.

La década de 1990 fue de cambios en Marruecos. Es la década de la aparente democratización y modernización del país, coincidiendo con un acercamiento a Europa y, al final de la década, con un cambio de rey, subiendo al trono Mohamed VI. El establecimiento de nuevas Constituciones y una apertura política formal propicia que, de cara a Europa, el país se considere democrático. Esto permitirá una progresiva profundización en la asociación de Marruecos con la Unión Europea, desde el año 2000 al 2013, en que se firma un Acuerdo de Libre Comercio (ALECA). No obstante, la represión marroquí seguirá latiendo bajo su apariencia constitucional. Esto podemos verlo en lo que respecta al Rif. La violencia se transforma, ya no opera en forma de episodios de represión sangrienta, sino que se manifiesta en la marginación estructural que vive o en la falta de planes efectivos de desarrollo o de implantación de infraestructuras básicas. Por no hablar de la cooptación por el poder de los partidos políticos existentes. Un ejemplo de esta realidad la vemos en los hechos del 2004. Un potente terremoto sacudió el Rif y asoló la región de Alhucemas, dejando 800 muertos y a unos 15000 personas sin casa18. La ineficacia de la ayuda humanitaria, ocurrió de forma paralela a la dejadez a la hora de atender a las víctimas y reconstruir las zonas afectadas. Lo que pudieran parecer limitaciones técnicas, deben entenderse como una expresión política. La lentitud en llegar la ayuda y la militarización de la zona, no pueden considerarse hechos aislados19. Y es que la actitud del estado marroquí ante una catástrofe de este calibre en el Rif, debe vincularse con la política de marginalización y castigo a la región, a la historia de represión que aquí hemos esbozado20.

El último episodio represivo sobre el Rif, previo al actual ciclo de luchas, ocurre en el año 2011, en plenas protestas del Movimiento 20 de Febrero (20F), que defendían una democratización de Marruecos, el fin de la corrupción política, la libertad de los presos de conciencia, y la pobreza. Estas protestas, que sacaron a miles de manifestantes a las calles de todo el país y que consiguieron que se redactase una nueva constitución en el año 2011, fueron especialmente violentas en el Rif, con el asalto a edificios gubernamentales o sedes bancarias en ciudades como Nador, Fez, Alhucemas, Tánger, Larache, Tetouan o Sefru. Es significativa la violenta de las protestas en la ciudad de Imzouren, el epicentro del terremoto del 2004, donde se quemaron símbolos estatales21. La represión, una vez más, no se hizo esperar, y a las clásicas detenciones y violencia policial, se sumaron hechos como el asesinato de 5 manifestantes en Alhucemas, que acabaron calcinados en una sede del Banco Popular, hechos que aun a día de hoy no han sido esclarecidos y que parece ser fruto de la acción de la policía y de las bandas paramilitares del régimen (“baltaguía”)22. Estas manifestaciones siguen vivas en la memoria rifeña y marroquí, y las consecuencias de la represión están muy presentes en el actual ciclo de luchas, como vemos en el caso del activista del 20F Mohamed Jelloul, detenido el pasado mes de junio sólo 43 días después de salir de la cárcel tras cumplir una condena de 5 años a causa de las protestas del 201123.

Economía del Rif. Dependencia y remesas

Como denuncian hoy en día las manifestaciones y los intelectuales, nada ha cambiado. Ni la situación del Rif, ni la represión política. Hoy en día el Rif se caracteriza por su desvertebración territorial, con gran ausencia de infraestructuras que conecten sus zonas montañosas con las más bajas y la parte oriental con la occidental. Su subdesarrollo en términos sanitarios y educativos, que explica el alto grado de analfabetismo en sus zonas rurales y una profunda arabización de su población fruto de una política de aculturación constante de la población amazigh. Destaca la ausencia de un hospital especializado en oncología que permita tratar los casos de cánceres que en la región son muy altos fruto de las guerras químicas lanzadas sobre su población hace décadas, lo que obliga a cientos de familias a desplazarse hasta Rabat, donde gran parte de las personas atendidas por cáncer son rifeñas. Por su parte, choca la inexistencia de una Universidad en la amplia región central del Rif. Como se expresaba en una conferencia ofrecida el pasado 18 de junio en la casa de la Prensa de Rabat, el gran problema del Rif se expresa en su fallido modelo económico, la pobreza endémica y la falta de un desarrollo industrial. Esta realidad sería fruto de una marginalización por parte del estado marroquí, en lo que se conoce como “el Marruecos olvidado”, que comprende las grandes regiones amazigh, estando el Rif incluido. Esta marginación se materializó en la última reforma administrativa del país, en el año 2015, al trasladar la capital de la región donde se engloba gran parte del Rif, de Alhucemas a Tánger.

En 1956, la región del Rif contaba con 53 fábricas, centradas en la transformación de productos agroalimentarios y de pescado. A día de hoy, sólo cuenta con un centro industrial en la zona de Alhucemas, mientras otro está en construcción. La pesca, actividad tradicional y base de subsistencia de multitud de familias, se ve afectada por la des-regularización, vinculada a las políticas neoliberales del país, y por la sobre-explotación de los recursos marinos. Asimismo, se persiguen a los pequeños pescadores, mientras que se deja manga ancha para lo que se ha denominado una verdadera mafia pesquera en la región, vinculada a los poderes del país24. La propia muerte del pescador Mouhcine Fikri, cuando la policía requisó sus pescados y los tiró a un contenedor, es una espeluznante consecuencia de esta situación. La ausencia de proyectos de industrialización o de inversiones públicas para el desarrollo económico que parten de las políticas represivas desde los años 50-60, no sólo ha provocado una endémica situación de emigración, sino que ha obligado al Rif a centrarse en actividades de autoconsumo muy precario, a orientar su actividad hacia el turismo y a la especialización por parte de las familias campesinas en el cultivo de un producto que ofrece una clara salida exportadora: el cannabis. Cabe destacar la importancia del cultivo de estas plantas para muchas familias campesinas rifeñas, extrayéndose el codiciado hachis25 para el mercado fundamentalmente europeo. La presión del mercado europeo y, de forma muy importante español26, propicia que los cultivos hayan aumentado en los últimas décadas hasta alcanzar miles de hectáreas, haciendo que el cultivo de cannabis pase de ser una actividad tradicional o local, como lo era en los siglos anteriores, a una parte del engranaje de un multimillonario negocio27. Esto ha generado un abandono de los cultivos y técnicas tradicionales de agricultura, respetuosas con el medio ambiente y que proporcione productos para el consumo local, fomentando la deforestación y el agotamiento de los suelos y los recursos hídricos28. Todo ello, unido a un empobrecimiento de las familias campesinas, que ven cómo las ganancias del hachis se quedan en los intermediarios y las mafias locales e internacionales29. De hecho, es revelador que el Rif sea la segunda región con mayores depósitos bancarios del país, derivados de la droga.

Los programas de desarrollo que en los últimos años se han propuesto para el Rif, forzados por las protestas del 2011, se han quedado en el papel. Todo sigue igual. Como expresaba en una entrevista realizada a Diagonal el líder de las protesta de Alhucemas actualmente encarcelado, Nasser Zefzafi, “el jefe de la Junta Provincial prometió cambios que han sido falsos, nada ha cambiado. Con la única intención de cercar y reducir las movilizaciones. Sabíamos que nos mentían”30.

De esta forma gran parte de la economía rifeña se ha orientado hacia un modelo altamente dependiente del exterior, ya sea de las remesas de las y los emigrados, de las que viven hasta un 25% de las familias, del turismo que invade sus costas o del mercado de hachis español y europeo, provocando una dinámica que no puede generar más que pobreza, desigualdad social y subordinación económica; y que no está exenta de corrupción política y, como expresaron recientemente en la casa de la prensa de Rabat, una clara cooptación política de los partidos del régimen marroquí ante esta situación.

(Sigue en Parte II) [Activo desde el día 5 a las 23:00]